Millones de personas de todo el mundo padecen afecciones tiroideas, tales como un aumento del tamaño de la glándula tiroides (bocio), nódulos tiroideos cancerosos o no cancerosos, o una glándula tiroides hiperactiva. Algunas afecciones tiroideas se pueden tratar con medicamentos, pero otras se tratan mejor con cirugía.
La glándula tiroides está situada en la parte inferior de la parte delantera del cuello, justo delante de la tráquea. Tiene forma de mariposa, con dos “lóbulos” laterales unidos por una estrecha tira de tejido o "istmo". Los nervios que controlan las cuerdas vocales están justo detrás de la tiroides.
Habitualmente, no es posible ver ni sentir la glándula tiroides. Sin embargo, si aumenta de tamaño, provoca un abultamiento en ese área del cuello denominada bocio. Otras afecciones tiroideas pueden no provocar un bocio visible.
La tiroides es la encargada de producir unas importantes hormonas denominadas T4 (ó tiroxina), T3 y T3 reversa (inactiva). Estas hormonas controlan el metabolismo: en otras palabras, el modo en que el cuerpo obtiene energía de los alimentos ingeridos. Si la tiroides no funciona bien, el cuerpo utiliza la energía más lenta o más rápidamente de lo que debería.
Si la tiroides no es lo suficientemente activa, hablamos de hipotiroidismo. El hipotiroidismo o mixedema puede provocar aumento de peso, cansancio o fatiga, intolerancia al frío, cara y párpados hinchados, etc. Si, por el contrario, la tiroides es demasiado activa (hipertiroidismo), tendrá más hormonas tiroideas de las que necesita el cuerpo. El hipertiroidismo provoca pérdida de peso, nerviosismo e irritabilidad, acelera la frecuencia cardiaca, intolerancia al calor, etc.
El bocio puede estar causado por diversas afecciones. Son, entre otras, las siguientes:
Los nódulos tiroideos (pequeños bultos en la tiroides) pueden tener las causas siguientes:
La enfermedad de Graves y los nódulos tiroideos pueden provocar un exceso de actividad de la tiroides (hipertiroidismo).
Las dos causas principales de baja actividad de la tiroides (hipotiroidismo) son la enfermedad autoinmune (donde las células tiroideas son destruidas por glóbulos blancos de la sangre que atacan a la tiroides) y un efecto secundario del tratamiento de la enfermedad tiroidea. Otras causas, poco frecuentes, son la deficiencia tiroidea hereditaria, una complicación de una infección vírica o un efecto secundario de ciertos fármacos.
Si la tiroides produce demasiadas hormonas, es probable que experimente algunos o todos los síntomas del hipertiroidismo (también llamado tirotoxicosis):
Si la tiroides produce pocas hormonas, es probable que experimente algunos o todos los síntomas del hipotiroidismo (también llamado mixedema):
Hay varios factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar una enfermedad tiroidea. Éstos son algunos de ellos:
Para diagnosticar un problema de tiroides, deberá someterse al examen de un médico. Su médico prestará especial atención a la glándula tiroides y a otras partes del cuerpo donde pueden reflejarse los problemas de tiroides, tales como la piel, las uñas, el pelo, el corazón, el peso y la temperatura corporal. Además, le harán análisis de sangre para medir los niveles de hormonas tiroideas. También es posible que necesite pruebas de imagen de la tiroides, para que el médico pueda “verla”. Por último, si tiene un bulto en la tiroides, puede que le inserten una fina aguja directamente en el bulto para extraer algunas células, que se utilizarán para comprobar si padece cáncer.
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