La esclerosis múltiple es una enfermedad del sistema nervioso central que afecta a millones de personas en todo el mundo. Aunque la mayoría de los individuos no se ven gravemente incapacitados, más de la mitad experimentan espasticidad, que tensa los músculos y puede complicar la vida diaria.
De los 2,5 millones de personas que, se estima, padecen esclerosis múltiple en todo el mundo1, más de la mitad padecen espasticidad.2
La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica, a menudo incapacitante, del sistema nervioso central (el cerebro o la médula espinal).
La causa exacta de la esclerosis múltiple es desconocida. Se cree que es una enfermedad autoinmune en la que el cuerpo ataca su propia mielina, un tejido graso que ayuda a las fibras nerviosas a conducir los impulsos eléctricos1.
Los científicos no saben qué causa la esclerosis múltiple. La mayoría está de acuerdo en que hay varios factores involucrados, que incluyen desencadenantes genéticos, de género y medioambientales (las posibilidades incluyen los virus, los metales pesados [toxicidad] y los traumas)1. La esclerosis múltiple es más común en los caucásicos (especialmente del norte de Europa), las mujeres y los individuos con predisposición genética1.
Los síntomas de la esclerosis múltiple pueden ser imprevisibles y varían ampliamente de persona a persona. Sin embargo, más de la mitad de las personas con esclerosis múltiple experimentan espasticidad2:
Se utilizan varias pruebas y procedimientos para diagnosticar la esclerosis múltiple, que incluyen un historial médico completo, el funcionamiento del sistema nervioso y pruebas de diagnóstico.
Se necesitan dos señales básicas para confirmar la esclerosis múltiple:1
Su médico puede diagnosticarle uno de los muchos tipos diferentes de esclerosis múltiple. Desde 1996, la esclerosis múltiple se ha clasificado de la manera siguiente:1
La esclerosis múltiple aparece normalmente en adultos, pero también se diagnostica en niños y adolescentes.1
La espasticidad se debe a un daño o lesión de una parte del sistema nervioso central (el cerebro o la médula espinal) que controla el movimiento voluntario. Este daño interrumpe importantes señales entre el sistema nervioso y los músculos, creando un desequilibrio que aumenta la actividad muscular o produce espasmos.
La espasticidad puede dificultar los movimientos, la postura y el equilibrio. Puede afectar a la capacidad de mover uno o varios miembros o un lado del cuerpo. A veces, la espasticidad es tan severa que afecta a las actividades diarias, a los patrones de sueño y a los cuidados. En ciertas situaciones, esta pérdida de control puede ser peligrosa para el individuo.
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